Cristina evade mi mirada


Cristina evade mi mirada.
Se da cuenta que me devolvió un gesto
con la suya,
por un instante.
Mientras ese momento se esfumó para ella,

yo transcurro en él
desde hace, 
al menos,

una semana.
 

Cristina evade mi mirada.
Y mi mano, al lado de ella,
está a más de veinte años

de distancia
 
de 
sus muslos.
 
Su boca
refulgente
y su sonrisa
tierna,
frente a mí.
Al otro lado de esa barrera
 
transparente.


Cristina, fruto de la milpa 
y ciudadana digital,

esculpe, meticulosa,
una capa blanquecina
sobre su tez milenaria...




Y no la necesita.






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